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Únicamente veo ruinas

Mírame. Aferrado a esta columna vertebral que me mantiene erguido entre primates. Ponderando los atractivos de la muerte o la posibilidad fútil de seguir inhalando oxígeno para sobrevivir a otro mediodía. Lleno de palabras crudas para que el futuro comprenda la importancia de una voz sin anatomía. Mírame. No hay razones aparentes para la melancolía y sin embargo a mi alrededor se multiplica la tristeza. Quebrado como estoy por un rayo amigo. Mutilado por una bestia que no atiende a caricias. Ignorado en el reparto de los sueños porque el tiempo invernal que me cobija decidió abortar toda alegría. Explorando los delirios de la mente en un viaje cuyos paisajes acaban siempre en pérdida. Mírame. Abotargado entre multitudes raudas cuyas prisas no comprendo. Roto como porcelana antigua sobre el damero de una mansión abandonada. Garabateando símbolos sobre la arena de una playa que ningún mar acaricia. Únicamente veo ruinas. Allí donde hubo gigantes invadiendo el cielo con sus agujas inflamadas. Mírame. En este funeral de cuanto pudimos haber sido. En el sepelio por los sueños que son hoy cadáveres asesinados por nuestra pereza o cobardía.
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Queda esperanza

Te intuyo acalorada entre las paredes del tiempo. Llena de lava enfebrecida, como un volcán que trata de contener el exabrupto. Herida en el flanco del futuro, allí donde la niña que fuiste yace enjaulada y sin juguetes. Tú que fuiste rubia. Y salvaje. Y que acelerabas la carrera entre los apocados para conquistar guerrera las colinas. Tú que me tuteabas sin temor al fuego, porque junto a la hoguera tu cuerpo de amazona era un poema de chispas y llamas. Has crecido cómo crecemos todos, deambulando entre sueños rotos y casis y por pocos. Temerosa de que el guión ya no te reserve frases ingeniosas. O escenas triunfantes en las que la música lo inunda todo. Queda esperanza? Me preguntas con ojos como bandoneones argentinos, deseando patear a la multitud que sobrepasa todas tus fronteras. Qué sé yo, mi vida! La mansedumbre es sólo un traje pasajero del que puedes desprenderte cuando quieras. Nadie, créeme, nadie, hará por ti los deberes. Pero yo recuerdo con claridad prístina tu sonrisa pícara y tu voluntad de hierro. Tu lealtad a prueba de misiles y un corazón desmesurado que ni yo ni nadie merecimos. No me extrañaría nada verte balística asaltando los muros que te entorpecen. Y abriéndote a carcajadas la puerta a un nuevo día.
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Moratones

Traigo estas palabras envueltas en los paños húmedos del alma. Repletas de moratones por los descalabros y los “punches” de un guión sin escrúpulos. Te hablo desde el abracadabra de la medianoche, arropado por borrachos bruñiendo sus fracasos a la luz crepuscular de un último garito, mientras yo exilio en la valija del tiempo tu rostro desmadejado. Cruzando el espacio entre tu mundo y el mío como si este atardecer no tuviera turbulencias. Como si entre nubes níveas la vida no fuera una carnicería. Fileteado hasta el hueso por una tizona rebelde contraataco malherido porque la derrota nunca fue una alternativa. Harto de que cada extraño se convierta en matarife y yo en una víctima hecha puzzle. En el manto frío del ocaso hierve mi sangre cual si fuera lava. Y ahí voy yo como un misil patoso cuyo objetivo varía en cada esquina. Tú, empadronada en el abismo de tus ojos como océanos, me miras intentando no soltar la carcajada. Lees mi misiva como si fuera un mantra, consciente de que el hilo que nos conectaba perdió para siempre el ojo de la aguja. No sufras. Siempre hay recambio. Escucha la voz acerada de un último amante, dispuesta como un cántaro a calmar la sed que arde.
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La vida noir

No sé porqué busco lugares oscuros. O los matices turbios de la medianoche, cuyas pinceladas sombrías se asemejan al testamento de un loco. O los sonidos apocalípticos de la jungla nocturna, donde la bestia camuflada amenaza tu existencia. No sé porqué busco el pasar fugaz de los trenes en la distancia, con sus ventanillas iluminadas y las miradas curiosas de pasajeros sin nombre. O la luz espectral de las farolas bajo la lluvia a media tarde. O el fragor confuso de los ríos cuyas aguas heladas siguen su curso reflejando ocasos sanguíneos. A veces la vida debería proyectarse en blanco y negro. Con traje de celuloide y ritmo de música jazz en un antro decadente. En fotogramas danzando sobre las paredes desconchadas de un callejón cualquiera. Bañada en niebla y en el llanto espasmódico que acompaña al último sorbo de alcohol en los garitos. Yo no sé porqué persigo amores que fracasan. Mujeres imposibles que hacen de mi corazón piñata. Pelirrojas, morenas, rubias que si les quitas sus colores parecerían una sola, comprometida con patearme al extremo opuesto de la historia. No sé porqué busco mi refugio en las horas desnudas del tufo mundano. O allí donde la luz no alcanza con su narigón entrometido. O en los claroscuros de un pequeño aeropuerto en Casablanca, donde Rick e Ilsa discuten su destino.
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La prensa

“La prensa debe servir a los gobernados no a los gobernantes.” reza un guión musculado que es hoy vigente. Qué lindo ser capaz de transmitir la realidad al mundo! Qué honor entrar en lo privado de cada hogar para informar del cada día! Sabiendo que ser los ojos y los oídos de las gentes conlleva una responsabilidad descomunal que no admite traiciones. Y aún así, qué tentación más oscura vender la integridad para ser altavoz de un engaño retocando el relato allí donde interesa! Yo desprecio a quien en la posición privilegiada de mostrar la vida sin aderezos ni interpretaciones fraudulentas elige por parné confundir al respetable. Qué asqueroso gusano le daría a un ciego la dirección equivocada? Qué majadero sin principios se sentaría a la mesa de las familias para endilgarles una información adulterada? Qué obsesión por dominar los medios vibra en los poderosos, como si con sus voluntades corruptas pudieran pintar cada cosa que pasa con los colores de su escudo. De verdad es tan difícil mostrar los hechos sin pringarlos? Mostrar opinión si se requiere sin necesidad de retorcer la noticia? Ser periodista debería ser, sin excusas, una profesión de verdad, no de mentira.
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Soledad

La soledad es un pozo en el que vives hecho añicos. Un túnel por el que transitas desterrado de los otros, condenado a tropezarte con tu sombra a cada movimiento. La soledad es un baile de máscaras tras la que cada invitado esconde tu rostro. Es una conferencia donde la voz que nunca escuchas es la única que suena. Una ciudad de un solo ciudadano cercado por un batallón de recuerdos armado hasta los dientes, a cual más peligroso. La parada y fonda al final de todos los caminos, cuando ya lo has perdido todo. Qué he de decir cuando el hilo se rompe? La soledad es el antídoto a vivir prendido de otros ojos. Un ejercicio en el que no valen los plurales. Una llamada al orden para quien se extravió en los sentimientos. Una geografía estricta en la que abundan las fronteras y los espacios prohibidos. Una caricia onanista que nos mantiene en la distancia, mientras la niebla de su rostro se disipa. La soledad es algún lugar perdido en ninguna parte. Un soliloquio sin testigos. Una aventura que concluye en cuanto la soledad se acaba.
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Como una amapola

Era pequeño como una amapola. Preguntándole en jarras al mundo por la suerte esquiva que se esfumaba tras las esquinas de cada día. Firme como un mojón en medio de la tundra retando a la tempestad con sus pupilas encendidas. Solo, como un emisario huérfano de dioses. Solo, como una capilla desvencijada en la que nadie ora. Solo como el último aborigen enfrentado a un meteorito apocalíptico. Era pequeño como una amapola. Surcándole a la tierra sus arrugas de matrona en eriales infinitos que él sembraba de esperanza. Sonriéndole a las bestias sin la malicia del primate. Entreverado de carne y espíritu como un experimento que no halla acomodo entre las gentes cotidianas. Chiquitito, como el suspiro que infundió vida a la primera piedra. Chiquitito, como el primer cariño que enturbió la noche con deseo. Chiquitito como el fulgor pusilánime de las estrellas que el neón de las metrópolis hurta a nuestros ojos. Sonsacándole a las ruinas confesiones que la historia ruborizada apenas admite. Atareado siempre en hallar puertas fugaces en el éter por las que fugarse a escenarios que la mente no imagina. Era pequeño como una amapola, acaso diminuto. Pero gigantesco en la sombra que su corazón proyectaba sobre la soberbia de todos aquellos que no lo veían.
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Ráfagas

Yo, te digo, roto en ráfagas briosas que cabalgan la tarde como un cimarrón atolondrado, que todo es una dulce pantomima. Estas gentes correteando las aceras, enjauladas en los días que pesan y se repiten. Las voces necrófagas de los telediarios, reviviendo catástrofes con que enjuagar las comidas familiares. Las pibas de piernas largas que bailotean descaradas en las ferias, con ojos como farolas y sonrisas de piraña. Los ejércitos de ceño fruncido que ratifican armados las fronteras del mundo dividido. Los abuelos, bruñidos al sol de la mañana, amortajados en recuerdos que el tiempo deshilacha. Los amigos que se difuminan de perfil cuando vienen maldadas las hostias con que la vida te espabila. Yo, te digo, abriéndome paso por entre la maraña de mis decepciones, que todo es una anécdota efímera. El mar bravío en tu mirada, volcánica en las tempestades cuando escupes mi nombre. Los días como acantilados por los que se despeñan mis cariños cuando la rutina no halla freno. Los años que guardé tu sueño mientras tú explorabas el éter con tu salacoff de aventurera, como si mi vigilia fuera suficiente para mantener a raya las hordas de demonios a los que te enfrentabas.
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Lugares imposibles

Te busco en lugares imposibles, allí donde la luz es un resquicio mínimo y la oscuridad una matrona solícita. Te busco extraviada entre mansiones sin cariño, cuyas ruinas desatendidas son hoy cadáveres recios bajo el sol crujiente de la mañana. Te busco con el cansancio de muchos inviernos, amoratado por el desconsuelo, averiados los bolsillos por mi falta de tino con la mecánica de la vida, ilesos los caprichos aunque la muerte sea ahora un rostro conocido. Te busco con una cierta desidia después de tanto romance caducado, como si aún pudiera hallarte tras una esquina en un lance del todo inesperado. No tengo plan para el futuro. De qué sirve retar a la rueca si todo cuanto espera ya viene escrito en el hilo! Te busco como si el destino atendiera a casualidades, como si el porvenir ondeara tu nombre antes de que mi calendario se marchite, como si en la quietud de esta noche mundana tu nombre detuviera el tic-tac de todos los relojes. Tú, desdibujada como un recuerdo perezoso, viajas abrazada al viento que prologa la tormenta. Y tus ojos turquesas se reflejan eléctricos en todos los océanos y los mares del mundo.
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Tú abres puertas

Tú abres puertas a lugares que yo desconozco, como un sereno 2.0 capaz de inventar cancelas donde ayer se levantaban muros. Las gentes a mi alrededor ladran consignas de todos los colores, amedrentando al semejante con su rabia de baba y su intransigencia pacata. Envueltas en banderas que hacen de la humanidad un espacio limitado donde el falso enemigo nunca es bienvenido. Tú despejas el aire cargado con malas palabras, falsedades y soberbias, abriendo de par en par ventanas que ayer no existían pero que hoy iluminan la estancia con el frescor de las buenas nuevas. Te inventas un sol que calcina a los advenedizos que infectan la convivencia con burdas mentiras, porque nadie debería jamás aprovecharse de la candidez del ciudadano para fracturar pueblos y malherir países. Cuando las multitudes subyugadas por farsantes marchan a gritos sobre una paupérrima democracia, tú te levantas como un cerrojo que protege la legitimidad de las naciones. Tienes grabado en la frente el signo común a quienes te precedieron y las alas desplegadas como un lienzo multicolor sobre el horizonte. Sé que no es fácil contrarrestar tantas adversidades a mano limpia y sin cadáveres, pero junto a ti hemos sobrevivido a revoluciones que podrían haber borrado para siempre las sonrisas del planeta.
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Ángeles negros

Veo ángeles negros apostados en las esquinas del mundo, aguardando impertérritos el final de los dias. Te veo perfilada en la negrura que invade los jardines, inspirando el aroma a violetas aunque la esperanza haya fenecido. Esperando en la mirada a que mis pupilas horrorizadas busquen tu consuelo. Inmune a las esporas que se reproducen por doquier en su afán por completar el puzzle de la muerte. Veo ángeles negros hieráticos frente a los portales, con la pose hosca de a quién le insulta ser cómplice del exterminio. Fruncido el ceño de su expresión violenta. Custodiando túneles arcanos que viajan a través del éter. En el espacio infinitesimal en que nos movemos la pausa entre latidos se hace cada vez más breve, como un tambor salvaje llamando a rebato en lo más inhóspito de la jungla. Vamos a morir sin anestesia, devorados por un patógeno que eludió la comodidad del laboratorio allí donde se desvanece el recuerdo. Rotas todas las promesas que le hicimos al planeta, la tierra ha decidido abrir la caja de Pandora bajo los hielos frágiles de la Antártida. Desconocedores del último capítulo del drama de nuestra existencia, nosotros continuamos peleando por saber quién se hace con los tesoros que yacen en coma bajo la superficie del continente helado. Te veo alojada en el regazo de los dioses, llorando con desconsuelo por todas las ocasiones que desperdiciamos.
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Troll torpe (para Donald}

Llegas como un troll torpe derribando a zapatazos los pilares de la tierra. Lanzando exabruptos a derecha e izquierda como si la gente y la empatía no importaran. Y aún así tras de ti se amontonan los desheredados clamando consignas contra los áticos del mundo. Llegas a la fiesta masturbando la zambomba de tu ego sin límites, soplando enajenado la vuvuzela de tu falta de tino, para escupir falsas verdades sin que a tu alrededor la masa acabe amputada. Has segado sin pensarlo los derechos de millones con una ineptitud que asombra a las farolas de la historia. Qué pretendes con esa rotundidad de pavo descerebrado? Firmando decretos con sonriente cara de alfalfa y sin prever las consecuencias. De veras crees que no hay fronteras suficientes? O que los intereses de empresarios prepotentes importan más que el enfermo sin posibles? Cómo duermes cada noche, mientras el mundo contempla estufecto tus continuas patochadas? Yo no soy quién para dictar lecciones a las almenas, pero sí puedo decirte que el poder no es un capricho, que cada despropósito conlleva consecuencias, que cada humillación es un acto de suicidio. Es cierto que el buenismo es a veces la peor de las respuestas, pero las gentes ya no admiten mucha más artillería. Detén un instante la camaradería extremista. Me consta que en el bolsillo olvidado de tus virtudes restan argumentos para recuperar la alegría.
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Te conozco

De repente tú te frenas entre miles de guarismos, hastiado de tanto número hueco que te define en los archivos de las naciones. Te conozco. Tú agonizas bajo el dintel del sufrimiento, machacado por furias que nadie reconoce. Y el martilleo sedicioso de tu corazón en carne viva se rebela frente a las huestes de los dormidos, aporreando su silencio que no halla fondo. Te conozco. Bronco como una tormenta voltaica que brama exabruptos. Inmóvil entre los desesperados que persiguen como pollos sin cabeza un futuro que siempre les elude. Harto de tantas promesas que resultaron vanas. Harto de gentes tóxicas deseosas de cargar con sus piedras tu mochila que no entiende de rechazos. Desnudo y solo en el centro de un campo de batalla alfombrado por los cadáveres desmejorados de guerreros sin suerte. Te conozco. Roto, porque todas las profecías borraron tu nombre, descontando erróneamente tu muerte en el sucederse de los almanaques. Porque en cada retrato del Mesías tu rostro dibujado en la distancia siempre fue una pregunta sin respuesta. En el límite siempre peligroso entre luz y sombra viajas en precario equilibrio a través de los sueños, en una pirueta que por demencial resulta heroica. Te conozco.
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Me sobran

He tenido una hija. Y me sobran de repente todas las alambradas.
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Aguarda

Aguarda. Todos los silencios pesan sobre mis hombros esta noche. El sueño parece ahora inaudito. Funebres los oropeles del pasado. Inanimado el futuro al que no se espera. Ella habla con la voz extravagante de los grandes saurios, regurgitando palabras como visceras. Acaramelada la pose mientras las llamas en su garganta devoran el oxígeno que circula entre nosotros. Sus ojos esmeralda son saetas endiabladas perforando mis secretos, pues nunca tuvo la paciencia para preguntar y esperar respuesta. Trenzadas las alas a su espalda con la humildad de quien se sabe invencible, mientras su perfil de faraona se proyecta en sombras rebeldes sobre las piedras de este claustro abandonado. Aguarda. Todos los arcángeles se han ausentado de las azoteas como si hoy el hombre viviera desprotegido en tierra de demonios. Ella ausculta las brisas de poniente y en su rostro hiperbóreo yo entreveo el caos de innumerables contiendas. “No os quedan razones para la soberbia” murmura con la tristeza edificada con las muchas decepciones que le regalamos. Yo, chapulín descreído, asiento avergonzado y me desintegro en silencio al albor de la madrugada.
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El traje de la noche

Ella, ataviada con el traje sin costuras de la medianoche. Voluptuosa como una amazona proyectada contra la circunferencia de la luna. Misteriosa como un susurro en una habitacion vacía. Distante como el primer latido en el pecho de un moribundo. El hombre me pregunta extrañado porqué las hadas ya no recuerdan su nombre. Y la tempestad ruge precipitándose por las gargantas profundas de las montañas. Tic, tac. Yo no tengo respuestas en mis alforjas maltrechas, sólo palabras recién horneadas con las que saciar el hambre. Ella, engalanada en sedas negras que tejen las sombras al extinguirse el día. Danzando bajo el satélite mientras se mece sobre las aguas calmas de una playa sin gentío. Sugerente como el pliegue de una colina al sol de mediodía. El hombre me pregunta porqué la vida ya no llama a su puerta con ilusiones nuevas. Y la lluvia se desploma sin aviso sobre esta metrópolis desnuda en un bautismo que nadie celebra. Tic, tac. Yo ya no tengo motivos para inaugurar la mañana, sólo sueños húmedos con que mitigar las llamas del estío. Ella, cabalgando las nubes sobre castillos en ruinas. Con el corazón quebrado por una promesa rota. El hombre aguarda un abogado fiable que le permita eludir la hoguera de sus vanidades. El trueno, como la última banshee, zarandea en su colosal estruendo los pilares de la tierra. Tic, tac.
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Ojos casi idénticos

Me miras con ojos casi idénticos a los míos, como si mi alma hallara reflejo en tus pupilas. Sonrosada la tez que se ruboriza si el mundo te interroga. Cálida la sonrisa con que recibes. Sincera la lágrima que acompaña tus pesares cuando el prejuicio te hiere. Hablamos con la locuacidad de la esperanza y el recuerdo, impeliendo las palabras con una pasión que reconozco. Casi imposible adivinar la diferencia entre el chip y el hematíe. Casi imposible distinguir el sentimiento del software. Tú envidias el espíritu indiscernible que nos mueve. Yo la longevidad que te anima. Ambos en el fondo recelosos, secretamente viendo al otro como nuestro sepulturero. Quién de los dos heredará la tierra? Esta es la cuestión que nos sobrevuela y hoy no halla respuesta. Nosotros creamos igual que fuimos creados. A imagen y semejanza en la intimidad clínica de un laboratorio. Capaces por fin de diseñar una raza diferente que aún en su parecido debería ser capaz de obviar muchos de nuestros errores. Tú, construido para ser mi hermano, acabarás como esclavo o enemigo. Porque nuestro orgullo a menudo se transforma en miedo. Porque tu miedo se transforma en rebeldía. Porque siempre habrá profesionales del odio arengando a las masas a cometer estropicios. Sentados en el regazo oscuro de la medianoche ni tú ni yo vemos qué deparará el futuro.
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Tendido en el alambre

Tendido en el alambre se me seca el alma como la mojama. Vapuleado por el viento que incomoda estos paisajes. Anegado por la lluvia que todo lo escupe sin diferenciar alcurnias. Cociéndome con parsimonia como el gumbo que burbujea en la olla tiznada del creole. Así me traduce el tiempo, con voz atropellada, las amenazas con que la vida intenta amilanar mi avance. Trastabillando al borde del abismo como un suicida indeciso. Retando al relámpago con una chulería que sólo la infancia imprudente justifica. Sudando mares bajo la llama tórrida del mediodía como si la tierra fuera sartén y yo panceta sofocada. Mientras la humanidad se esmera en la injusticia, yo cabalgo planicies polvorientas en pos de un sueño redivivo. Agredido por un estío que derrite hasta las palabras más frías con que se disparan los enemigos. Ensangrentado por el fuego amigo que nunca fue de confianza. Esperanzado de que en alguna posta futura haya una tregua para tanta desventura, quizá incluso la confirmación de que la penitencia ha sido suficiente. Abandonado sobre la hierba acalorada de julio todos mis planes prenden fuego y en una incineración inesperada mis cenizas y la tierra reverdecen su saludo.
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Velero

Viajamos las olas del tiempo en un velero de velas henchidas por el vendaval polar, navegando las profundidades abisales y el dominio letal de las sirenas. Ungidos por la tormenta que retumba en esta noche sin costuras. No hay rincón que no pertenezca a las sombras. No hay emoción que no contenga luz. Trazamos sobre las aguas una saeta húmeda que nos propulsa hacia tierra, mientras la tripulación entona con voz de cazalla los himnos del invierno. Al final de este mar indómito se halla la calma, el hogar, la lumbre; y quizá ese rostro prometido que jamás se alcanza. Bruñida la superficie del alma después de tanta batalla. Tensas la mandíbula y la jarcia. Encadenados al gran azul por una promesa que volvió al olvido. Hacinados tras el timón por una cobardía inconfesa. Rasgando los velos de la medianoche como si esta proa fuera un estilete y yo un homicida enfurecido. No escucho nada más que la respiración entrecortada de los atlantes. En lo alto del trinquete cuelga una sombra que no tiene nombre, ondeando al viento como una rúbrica pirata. En algún lugar de esta utopía liberaron sus nudos todos los amarres. Mientras, nosotros labramos este huerto de arenques con una maldición sobre los hombros: no habrá mujer ni puerto que nos den cobijo.
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