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No miro el dedo ni miro la luna

La naturaleza nos sorprende
con maravillosos paraísos
de vez en cuando,
si nos paramos a mirar,
si somos capaces de abstraernos,
de olvidar el ruido que traemos dentro,
el que nos aturde en la ciudad
y nos enloquece en soledad.

La vida
nos pone en situaciones paradójicas,
para que seamos capaces
de extraer aprendizajes,
anécdotas, recuerdos y sueños.

Así que ahí estás,
mirando al satélite
que durante decenas
de miles de años,
otras admiraron
antes de que tú lo hicieras,
con el alma en sintonía,
arena mar y cielo.

Y yo, mientras, mirándote,
entre el deseo y el miedo,
admirando tu melena,
tu silueta, tu espalda,
el dulce arena que me acerca la brisa,
admirando la forma en que te marchas,
temiendo que algún día lo hagas.
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Todo depende de la luz

Cuando uno abre los ojos
y se encuentra ante tal espectáculo
de música, luz y color,
olvida que las fotografías no se oyen
y que si son en blanco y negro,
tienen todos los colores o ninguno.

Todo depende de la luz.

En esta composición
pueden ver un punto de fuga,
disimulado en el lugar
que ocuparía un balón
si estuviésemos viendo
a un muchacho
con la camiseta del Athletic.

Pueden observar también
cómo se forma una pregunta en sus dedos,
puesto que si somos
incapaces de esquivar esa mirada,
nos asustará con su duda
sobre si realmente
somos dignos de conocer más.

Siempre podemos acudir al asiento
en el que se acomoda esta Perséfone,
veremos que se posa sobre ella misma,
no sobre el observador, por lo que,
aunque sea muy capaz de domar a Hades,
un simple mortal adorará el suelo que pise,
aunque le dirija al mismo infierno.

Y es tan bella su mirada
como bello es que nos la esconda parcialmente,
tras un cabello salvajemente servil,
servilmente salvaje.

Espectáculo de música, luz y color...
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En sueños

Vuelven pesadillas rojas y negras
rodeadas de una cálida
y espesa niebla,
como vuelven
las mañanas de lluvia
en este clima loco.

Siento dolor en los dedos,
como si despertasen
de una noche agarrados a ti,
debatiéndose entre dejarte libre
y amarrarte a mi cama.

Me duelen los labios
porque me mordías en sueños,
mientras curabas mis heridas
con medicina de lengua y besos.

Un escalofrío recorre mi espalda,
convaleciente de ti
por haber pasado tantas horas
debajo de tu vaivén,
por haber gozado
bajo tus exigentes caderas
con la vana esperanza
de secar el infinito pozo
de mis ganas de ti.

Mientras en mi duermevela
decías te quiero,
la mañana dijo
que sonaba me gustas,
que sabía a deseo,
mientras sentía te espero.
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Sólo cuando me miras, soy yo

Tengo en el estómago
un sentimiento de anticipación,
porque cuando llegue el momento,
sonreiré al susurrar en tu oído
mil secretos que ya sabes.

Confío en que para entonces
estén vacías las copas de vino
para que podamos llenarlas
de ganas de bebernos,
a pequeños sorbos,
a grandes tragos.

Entonces,
aprovechando la cercanía,
besaré tu cuello para guardar
los matices de tu bouquet,
mientras dibujo suavemente
con mis uñas la forma de tu espalda.

En ese momento,
la imaginación dejará
de una vez, por fin,
su espacio al deseo,
arrancándonos gemidos
entrelazando nuestras piernas
y nuestras lenguas,
aprovechando nuestros labios
también para basarnos.
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Fruto prohibido

Sospecho que todas las decisiones
que me llevaron al abismo
de la autoflagelación,
se debieron simplemente
a un error de diagnóstico.

Uno,
que no es el más listo de la clase,
pero que tampoco
es excesivamente tonto,
se creía un todopoderoso creador
de mundos nuevos,
fabricando muros
de acero valadio y hielo,
macizos,
de esos que no pueden cruzar nadie
sólido, líquido o amoroso.

Caminando por encima del dique,
observaba por encima del hombro
un pasado de entrega estéril,
de abandono y lágrimas,
con la prepotencia de un dios
pasado de moda,
de otro tiempo,
de esos que influían más,
pero que pintaban menos.

Y ahora me descubro aflojando tornillos,
encendiendo hogueras,
sonriendo hasta tarde,
calculando rutas,
escribiendo a una mano,
masturbándome sin porno,
envidiando paisajes.

Supongo
que no hay nada malo en perdonarse,
en dejarse fluir,
en morder el fruto
que absurdamente prohibí.
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Mi cama está vacía

Tengo la cama
llena de todas las palabras
que aún no nos hemos dicho,
de las caricias que no hemos dado,
de los orgasmos que nos faltan.

Enfría mi espalda cada beso no dado,
la puta ausencia de tus manos,
la triste soledad de mis te quieros,
la sensualidad de tus silencios.

Sola, mi almohada
busca la boca con la que suspiras,
las uñas alejadas de mi espalda,
el aroma de tu cuello
y esos labios besones
que sonríen por todo el deseo
que me provocan.

Ahora intentaré dormir
con la extraña sensación
de que echo de menos mil cosas,
mil palabras, mil besos,
mil historias que no he vivido.
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Me despierto y no me dejas dormir

Llevo demasiadas noches
queriendo recorrer
tu cuerpo con mis besos,
tratando de guardar
tus aromas y sabores
dentro de mi pecho
y de mi lengua.

Llevo suficientes noches
mordiendo mis labios
como para saber
que cuando tenga los tuyos,
sobrará cada palabra que digamos,
cada plato que compartamos,
cada copa que bebamos,
cada paso que nos separe de la cama
y cada uno de los silencios
que provoquemos...
aunque disfrutaremos
de cada momento con la sabiduría
del que conoce la verdad.

Llevo bastantes noches en vela
como para ser consciente
de que disfrutaré tanto
como lo hagas tú,
que encontraré
cada uno de tus suspiros,
que buscaré dentro y fuera de ti
cada uno de los puntos
que te harán temblar
y que mis dedos y mi lengua
se estremecerán
mientras se arquea tu espalda,
mientras se mojan tus labios,
mientras mojas los míos.

Llevo leyendo tu mente
el tiempo preciso
como para saber que
aunque parezca que estoy
dominando la situación,
tomarás de mí tanto quieras,
cuando quieras... y entonces
me tendrás preso
no sólo entre tus piernas.
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POR FIN, quiero amanecer

Me he obligado a caer
hasta una sima que
esta vez es tan profunda
que es luminosa y, tal cosa,
me tenía completamente engañado.

He seguido sonriendo,
escribiendo,
arrancando orgasmos,
regalando alguno mío.

He seguido, por supuesto,
masturbándome con y sin ganas,
con el objetivo de ahogar la rabia
y con el subjetivo de creerme vivo.

Me he boicoteado suave y fuertemente,
como lo he hecho siempre,
como aprendí y dominé,
ahogándome de dentro a fuera
y reventando de fuera a dentro.

He visto sin sentir nada
cómo se ha acercado un tren y un metro,
dos autobuses y varios coches,
sabiendo que sigo aquí
porque de verdad sé que haría sufrir
a esos tres que de verdad importan.

Prevariqué por amor
y atenté contra mi cash flow
sin importarme el dinero,
sufrí las crisis en mi habitación.

Pero ya estoy harto
de bohemia y bonhomía,
de artisteo y desolación,
estoy cansado de creerme
merecedor de lo malo
y de que todas las cosas buenas
que sueño y pienso son para otros
y no para mí.

Por fin, quiero amanecer,
regalarme amor,
ahogar mi tristeza con arte
y sonreír porque todo está bien.
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Cuando siento tu calor

No es cuestión de poner interés,
de que me divierta o me excite,
es que hay algunas cosas
que no puedo evitar
cuando siento el suave tacto
de unos muslos que rozan mi cara.

No me cabe duda:
no seré el mejor amante
que haya manchado tus sábanas,
pero habrá un instante
en cada una de tus experiencias futuras
en el que me buscarás un hueco...
sin entender por qué.

Te voy a contar un secreto,
cuando siento tu calor,
yo, dejo de ser yo mismo
y tú, nunca eres alguien concreto,
simple y llanamente,
no puedo evitar amar tu placer,
buscar tu placer,
como si fueses cada mujer,
como si fuese cada hombre.

En ese momento,
beberé de ti con fruición,
con una sed insaciable,
hasta que me pidas que pare,
hasta que ruegues que me derrame en ti,
hasta que, sin saberlo,
sientas eso mismo que siento yo,
eso que puedes confundir con amor,
eso que se esconde tras el deseo...
Y entonces, también necesitarás
que me olvide de nosotros
para olvidarme de mí.
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Ya no veo el mundo como lo veía antes

Ya no veo el mundo como lo veía antes.

Tal vez, y ya está bien,
ya sea adulto.
Tal vez, y no me extraña,
me haya convertido en un ser cínico.

Tal vez, lo único que pasa
es que no me gusta
nada de lo que veo a través de un cristal,
tal vez ya no encuentre belleza
en un mundo cruel,
en el que impera el egoísmo,
el culto a lo superfluo,
en el que sólo los malos triunfan
y en el que importa más
un cuerpo que te haga soñar
que una lengua que te haga vibrar.

Tal vez, tampoco me guste
la imagen que recibo
a este lado del limpio espejo,
tal vez, esa lámina plateada
en la que se reflejan
mis miedos y frustraciones
diga sólo mentiras.

Tal vez el único a través
del que pueda ver a mi auténtico yo,
sea ese viejo y roto espejo
que me permite ver
a un ser triste y desgastado,
quebrado por el dolor punzante
que siempre trato de esconder
tras una falsa sonrisa.
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Recuerdos rojos

Resulta paradójico que un color
despierte en un daltónico
un recuerdo tan doloroso
que le amargue los pensamientos.

Porque ese dolor
no me amargó la tarde,
el día o la vida,
sino que YO,
con mis pensamientos,
saboteé mi tarde
(mi día, mi vida)
hasta el punto
de que llegué a la conclusión,
hasta que fui condciente
de que eso que lleva horrorizándome
mil noches y mil poemas,
es la triste realidad.

"No cambies,
se tú mismo,
busca tu esencia"...
Pues he cambiado,
no me reconozco
y lo que soy,
en lo que me he convertido,
en lo que me ha convertido el dolor,
se aleja tanto del único YO
que me gustó de mí,
que duele más cuanto más lo pienso.
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GOYA: estudio para los borrachos

Hola, ya llegué.

Nadie contesta porque nadie hay.

Estoy porque soy
y soy
porque he estado a punto de pedir un uber.
Guitarra, cajón y cante.
¿Qué más quiero?
¿Acaso amor?
¿Ternura?

Soy el payaso que alegra la fiesta,
que te acompaña al destino,
que te pregunta qué tal.
Soy el que te recuerda la cita con el médico
o la reunión con la tutora.

Soy el que recuerda comprar lo que falta,
el voluntario para escuchar tus penas,
el que deja las suyas para otro momento.

Yo soy.
Muchos de vosotros, no.
Y lo siento.
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Juego de Tronos

Veo el mundo
a través de una pantalla
cuyos colores siempre se equivocan,
con el volumen demasiado alto,
en un sillón incómodo,
con los pies descalzos
sobre el más frío suelo.

Vivo de puntillas,
tratando de no hacer demasiado ruido,
ora viviendo para el amor,
ora no amando para sobrevivir.

Por huir,
huyo (a veces)
hasta de los placeres de la carne,
esos que me obligan a hacer gozar,
que me obligan a postrarme ante Venus
hasta saciar mi apetito,
que me obligan a buscar mi placer
de la forma más egoísta.

Sé que sigo siendo capaz de querer
porque quiero,
porque no conozco otro modo de sentir,
pero también sé que estoy forzándome
a la más absoluta y despiadada
falta de interés por lo que hay fuera,
mientras que en ocasiones
me descubro despreciando
todo lo que hay dentro.

Un juego de tronos
que no quiero ganar
de ningún modo.
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Analepsis

Los dramas de cada uno
poco tienen que ver en realidad
con lo que ha pasado.

La escala con la que medimos
nuestros fracasos
no es una barra de platino e iridio
en el Observatorio Astronómico
de No Sé Dónde.

Si el pequeño paso lo da un hombre
y, con ello, no avanza la mujer,
es un gran paso atrás para la humanidad.

Los dramas de cada uno
se miden en dolores por segundo.

Nuestros fracasos se miden
por sonrisas con la calma.

Viajo hacia atrás en el tiempo,
por mucho que el tal Einstein
teorizase diciendo que no es posible.

Vuelvo al presente con miedo al futuro
a una velocidad superior a la de la luz
por mucho que e no sea igual
a eme ce al redondo.

La música,
el dolor
y el miedo disfrazado de precaución,
me fusilan con sus analepsis,
que se pronuncian mejor que mis flashback's.

Mi yo me cuida y maltrata a partes desiguales,
unas rebajas falsas
con etiquetas manipuladas.
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Estoy seco

Estoy seco.

No sangro a través de los versos,
no lloro a través de los ojos.

Estoy seco.

Soy incapaz de intercambiar
ni un solo fluido a través del amor.
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Abandono

Me retiro a una paradoja,
me abandono en mí
para permanecer escondido de mí.

He buscado
durante mi ya no tan corta vida
las mil y una maneras
de provocarme una pesadilla
y ahora,
que he aprendido a respirar,
a merecer y a recibir,
parece que me he olvidado de dar.

Temo estar ocultando
los moratones de mi corazón
en una angustia buenista
que no me lleva más
que a caminar solo, ausente,
despistado y melancólico.

Temo que acaben conmigo
los morados que no se ven,
los moretones que he sido incapaz de escribir
porque no tengo palabras para describir
las diferentes formas en las que me destruyen.

Me aterroriza
aquello que me digo que no importa,
siento auténtico pavor por que alguien piense
que soy un monstruo, un egoísta,
un ególatra travestido en mártir,
un asesino fingiendo ser víctima,
un bufón golpeado,
alguien muerto que simula derramar vida.

Al fin y al cabo,
el púrpura oscuro
acabará tendiendo a amarillo,
como mi equis siempre tiende a cero,
como la alegría tiende a apuñalar mi espalda,
como ésta tiende a creerse más ancha
de lo que realmente es,
como el amor se ríe mientras me saca un dedo,
como el orgasmo tiende a meterme otro,
como tiende el tiempo a oxidarlo todo,
como el olvido tiende a ser
el único mal recuerdo
que nunca me acompaña.
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8comentarios 62 lecturas versolibre karma: 92

Perdona, mujer

Quiero pedir perdón
por cada una de las veces
que te he mirado, mujer,
y he hecho que te sientas un objeto,
ganado directo al matadero.

Perdón por cada vez que has temido
cuando me acerqué a preguntar una dirección,
o la hora.

Discúlpame cuando he dado por supuesto que,
por ser cariñosa,
podía intentar algo más que una conversación,
o cuando he dicho algo que te ha molestado
y, rápida y hábilmente,
me disculpé,
dije que era broma
o que sacabas las cosas de contexto.

Perdóname por hablar de ti con los amigotes,
por contar lo que hicimos
y, sobre todo, por inventar lo que no.

Espero que alguna vez olvides
cuando te traté de manera distinta
por ser atractiva o por no serlo para mí,
cuando te he seguido por redes sociales
sólo por tu atractiva
o te he dedicado unas letras
porque me siento atraído por ti.

Me encantaría que no hubiesen pasado por tu cabeza
las cosas que pensaste cuando tuvimos sexo
y fui egoísta,
cuando nos hicimos un selfie
y te traté como un trofeo
o cuando rebusqué en tu muro
para señalarte como otra más que iba a caer.

Lo que no quiero que perdones,
porque yo no podré hacerlo nunca,
es mi silencio ante la fanfarroneria,
los comentarios agresivos,
sexistas, despectivos,
misóginos de los animales con los que,
por desgracia, comparto género.

No te merezco, mujer.
Ningún hombre estará jamás a la altura de ti,
mientras nosotros mismos permitamos
que compartas planeta con tanto miserable.
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(Me da miedo)

Avanzar
hacia atrás.
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Sinestesia

No lo entiendes.
Ni yo,
que me conozco
desde hace cuarenta años.

Al menos he logrado aceptarlo,
no soy rencoroso,
no es que le de demasiadas
vueltas a las cosas, no.

Simplemente,
recuerdo de manera
DEMASIADO vívida,
con olores,
con sabores...
con EMOCIONES.

Lo único bueno,
es que me permite ver
y saborear la música,
escuchar los sabores...
escuchar mi canción preferida
mientras me sacio de ti.
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Desnudo

Llevaba 40 años, solo.
Nací solo, pero no moriré así.

Hace un año,
como hace dos y hace tres,
sentí la peor de las soledades,
la que se siente mientras te rodean,
mientras estás en compañía.

La última fue la peor de todas.

Por esa fue elegida,
sabía a qué me exponía,
sabía que me jugaba todo,
sabía que lo perdería,
supe que lo perdí.

Aún así,
cualquier cosa que me hacía sonreír,
me hacía olvidar.

Amé. Claro que sí.

Hasta la enajenación,
literalmente, hasta olvidarme de mí,
de todo lo que aprendí para ser feliz,
de que había logrado serlo
por el mero hecho de que yo era yo.

Amé.
Tanto que ya no quiero volver a hacerlo.

Por supuesto que los míos tendrán mi amor
aunque me cueste la vida,
pero no quiero que vuelva a doler.
Llámame cobarde,
seguro que lo soy.

Amé,
pero no volveré a hacerlo
hasta que vuelva a amarme en mi esencia,
la que abandoné para mi desgracia,
la que ha vuelto a mí entre precinto y cajas,
entre niños y canciones,
entre poemas y poemas.

Cumplo contigo al desnudarme,
pero no sé si cumplo conmigo
al no querer amar.

Sé que no soy así,
sé que así, nunca seré yo,
pero me pediré perdón
mientras me escondo en mí
de mí mismo.

Ya me lo he quitado todo. Te toca.
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sin comentarios 29 lecturas versolibre karma: 66