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Ya no veo el mundo como lo veía antes

Ya no veo el mundo como lo veía antes.

Tal vez, y ya está bien,
ya sea adulto.
Tal vez, y no me extraña,
me haya convertido en un ser cínico.

Tal vez, lo único que pasa
es que no me gusta
nada de lo que veo a través de un cristal,
tal vez ya no encuentre belleza
en un mundo cruel,
en el que impera el egoísmo,
el culto a lo superfluo,
en el que sólo los malos triunfan
y en el que importa más
un cuerpo que te haga soñar
que una lengua que te haga vibrar.

Tal vez, tampoco me guste
la imagen que recibo
a este lado del limpio espejo,
tal vez, esa lámina plateada
en la que se reflejan
mis miedos y frustraciones
diga sólo mentiras.

Tal vez el único a través
del que pueda ver a mi auténtico yo,
sea ese viejo y roto espejo
que me permite ver
a un ser triste y desgastado,
quebrado por el dolor punzante
que siempre trato de esconder
tras una falsa sonrisa.
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Recuerdos rojos

Resulta paradójico que un color
despierte en un daltónico
un recuerdo tan doloroso
que le amargue los pensamientos.

Porque ese dolor
no me amargó la tarde,
el día o la vida,
sino que YO,
con mis pensamientos,
saboteé mi tarde
(mi día, mi vida)
hasta el punto
de que llegué a la conclusión,
hasta que fui condciente
de que eso que lleva horrorizándome
mil noches y mil poemas,
es la triste realidad.

"No cambies,
se tú mismo,
busca tu esencia"...
Pues he cambiado,
no me reconozco
y lo que soy,
en lo que me he convertido,
en lo que me ha convertido el dolor,
se aleja tanto del único YO
que me gustó de mí,
que duele más cuanto más lo pienso.
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GOYA: estudio para los borrachos

Hola, ya llegué.

Nadie contesta porque nadie hay.

Estoy porque soy
y soy
porque he estado a punto de pedir un uber.
Guitarra, cajón y cante.
¿Qué más quiero?
¿Acaso amor?
¿Ternura?

Soy el payaso que alegra la fiesta,
que te acompaña al destino,
que te pregunta qué tal.
Soy el que te recuerda la cita con el médico
o la reunión con la tutora.

Soy el que recuerda comprar lo que falta,
el voluntario para escuchar tus penas,
el que deja las suyas para otro momento.

Yo soy.
Muchos de vosotros, no.
Y lo siento.
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Juego de Tronos

Veo el mundo
a través de una pantalla
cuyos colores siempre se equivocan,
con el volumen demasiado alto,
en un sillón incómodo,
con los pies descalzos
sobre el más frío suelo.

Vivo de puntillas,
tratando de no hacer demasiado ruido,
ora viviendo para el amor,
ora no amando para sobrevivir.

Por huir,
huyo (a veces)
hasta de los placeres de la carne,
esos que me obligan a hacer gozar,
que me obligan a postrarme ante Venus
hasta saciar mi apetito,
que me obligan a buscar mi placer
de la forma más egoísta.

Sé que sigo siendo capaz de querer
porque quiero,
porque no conozco otro modo de sentir,
pero también sé que estoy forzándome
a la más absoluta y despiadada
falta de interés por lo que hay fuera,
mientras que en ocasiones
me descubro despreciando
todo lo que hay dentro.

Un juego de tronos
que no quiero ganar
de ningún modo.
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Analepsis

Los dramas de cada uno
poco tienen que ver en realidad
con lo que ha pasado.

La escala con la que medimos
nuestros fracasos
no es una barra de platino e iridio
en el Observatorio Astronómico
de No Sé Dónde.

Si el pequeño paso lo da un hombre
y, con ello, no avanza la mujer,
es un gran paso atrás para la humanidad.

Los dramas de cada uno
se miden en dolores por segundo.

Nuestros fracasos se miden
por sonrisas con la calma.

Viajo hacia atrás en el tiempo,
por mucho que el tal Einstein
teorizase diciendo que no es posible.

Vuelvo al presente con miedo al futuro
a una velocidad superior a la de la luz
por mucho que e no sea igual
a eme ce al redondo.

La música,
el dolor
y el miedo disfrazado de precaución,
me fusilan con sus analepsis,
que se pronuncian mejor que mis flashback's.

Mi yo me cuida y maltrata a partes desiguales,
unas rebajas falsas
con etiquetas manipuladas.
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Estoy seco

Estoy seco.

No sangro a través de los versos,
no lloro a través de los ojos.

Estoy seco.

Soy incapaz de intercambiar
ni un solo fluido a través del amor.
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Abandono

Me retiro a una paradoja,
me abandono en mí
para permanecer escondido de mí.

He buscado
durante mi ya no tan corta vida
las mil y una maneras
de provocarme una pesadilla
y ahora,
que he aprendido a respirar,
a merecer y a recibir,
parece que me he olvidado de dar.

Temo estar ocultando
los moratones de mi corazón
en una angustia buenista
que no me lleva más
que a caminar solo, ausente,
despistado y melancólico.

Temo que acaben conmigo
los morados que no se ven,
los moretones que he sido incapaz de escribir
porque no tengo palabras para describir
las diferentes formas en las que me destruyen.

Me aterroriza
aquello que me digo que no importa,
siento auténtico pavor por que alguien piense
que soy un monstruo, un egoísta,
un ególatra travestido en mártir,
un asesino fingiendo ser víctima,
un bufón golpeado,
alguien muerto que simula derramar vida.

Al fin y al cabo,
el púrpura oscuro
acabará tendiendo a amarillo,
como mi equis siempre tiende a cero,
como la alegría tiende a apuñalar mi espalda,
como ésta tiende a creerse más ancha
de lo que realmente es,
como el amor se ríe mientras me saca un dedo,
como el orgasmo tiende a meterme otro,
como tiende el tiempo a oxidarlo todo,
como el olvido tiende a ser
el único mal recuerdo
que nunca me acompaña.
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Perdona, mujer

Quiero pedir perdón
por cada una de las veces
que te he mirado, mujer,
y he hecho que te sientas un objeto,
ganado directo al matadero.

Perdón por cada vez que has temido
cuando me acerqué a preguntar una dirección,
o la hora.

Discúlpame cuando he dado por supuesto que,
por ser cariñosa,
podía intentar algo más que una conversación,
o cuando he dicho algo que te ha molestado
y, rápida y hábilmente,
me disculpé,
dije que era broma
o que sacabas las cosas de contexto.

Perdóname por hablar de ti con los amigotes,
por contar lo que hicimos
y, sobre todo, por inventar lo que no.

Espero que alguna vez olvides
cuando te traté de manera distinta
por ser atractiva o por no serlo para mí,
cuando te he seguido por redes sociales
sólo por tu atractiva
o te he dedicado unas letras
porque me siento atraído por ti.

Me encantaría que no hubiesen pasado por tu cabeza
las cosas que pensaste cuando tuvimos sexo
y fui egoísta,
cuando nos hicimos un selfie
y te traté como un trofeo
o cuando rebusqué en tu muro
para señalarte como otra más que iba a caer.

Lo que no quiero que perdones,
porque yo no podré hacerlo nunca,
es mi silencio ante la fanfarroneria,
los comentarios agresivos,
sexistas, despectivos,
misóginos de los animales con los que,
por desgracia, comparto género.

No te merezco, mujer.
Ningún hombre estará jamás a la altura de ti,
mientras nosotros mismos permitamos
que compartas planeta con tanto miserable.
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(Me da miedo)

Avanzar
hacia atrás.
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Sinestesia

No lo entiendes.
Ni yo,
que me conozco
desde hace cuarenta años.

Al menos he logrado aceptarlo,
no soy rencoroso,
no es que le de demasiadas
vueltas a las cosas, no.

Simplemente,
recuerdo de manera
DEMASIADO vívida,
con olores,
con sabores...
con EMOCIONES.

Lo único bueno,
es que me permite ver
y saborear la música,
escuchar los sabores...
escuchar mi canción preferida
mientras me sacio de ti.
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Desnudo

Llevaba 40 años, solo.
Nací solo, pero no moriré así.

Hace un año,
como hace dos y hace tres,
sentí la peor de las soledades,
la que se siente mientras te rodean,
mientras estás en compañía.

La última fue la peor de todas.

Por esa fue elegida,
sabía a qué me exponía,
sabía que me jugaba todo,
sabía que lo perdería,
supe que lo perdí.

Aún así,
cualquier cosa que me hacía sonreír,
me hacía olvidar.

Amé. Claro que sí.

Hasta la enajenación,
literalmente, hasta olvidarme de mí,
de todo lo que aprendí para ser feliz,
de que había logrado serlo
por el mero hecho de que yo era yo.

Amé.
Tanto que ya no quiero volver a hacerlo.

Por supuesto que los míos tendrán mi amor
aunque me cueste la vida,
pero no quiero que vuelva a doler.
Llámame cobarde,
seguro que lo soy.

Amé,
pero no volveré a hacerlo
hasta que vuelva a amarme en mi esencia,
la que abandoné para mi desgracia,
la que ha vuelto a mí entre precinto y cajas,
entre niños y canciones,
entre poemas y poemas.

Cumplo contigo al desnudarme,
pero no sé si cumplo conmigo
al no querer amar.

Sé que no soy así,
sé que así, nunca seré yo,
pero me pediré perdón
mientras me escondo en mí
de mí mismo.

Ya me lo he quitado todo. Te toca.
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Amar es tener muchas ganas de compartir vida

Quienes lo han pensado mucho,
demasiado,
saben a qué sensación me refiero.
Quienes se fueron,
no lo pensaron suficiente.

Cuando has amado,
derramas vida por cada poro de tu piel,
subrayas de amor cada letra que destilas,
inmaculas cada sábana
pues el amor no mancha,
vacías el mundo de miedos pues,
si amas, no temes.

Entonces,
en ese momento en el que te crees invencible,
en el que piensas que abandonaste
por siempre al dolor,
éste vuelve en ti con la violencia
más cruel y desproporcionada,
golpeando tu alma hasta que quiere morir,
pisoteando cada alegría
hasta que lo oscurece todo.

Cuando has amado tanto
con el mismo músculo que te han roto,
en ese momento,
te haces las preguntas.

¿Merece la pena vivir?
Si muriese ¿alguien lloraría por mí?
¿Notarían que no estoy?

Cuando sigues aquí,
es que seguiste preguntando,
es que te respondiste lo que debías
y no lo que esperabas escuchar.

Sí,
merece la pena vivir,
merece la pena vivir,
merece la pena vivir.

Y si algún día te curas,
entonces llegará el momento de hacerlo,
de vivir,
de tener muchas ganas de compartir vida,
de tener ganas de volver a amar.
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Sentirme

Un pequeño montón de ropa
creo que sucia,
un envoltorio de plástico
parcialmente arrugado,
un mensaje no leído
tras uno no contestado,
un te quiero respondido yo también,
una lluvia a resguardo,
una fea canción que no te molestas en pasar,
un plato demasiado soso para estar rico
pero con suficiente hambre
como para no pasar,
una conversación de mierda
que mantienes por no mirar hacia tu vida,
un corte en Internet
sin imaginación para masturbarte,
otra mierda de canción
y volver a comer sin ganas.

Un selfie que nunca subirás
porque no te gustas nada,
un sentimiento de odio que crece en tu interior
aunque tú no seas así,
las ganas de tener sueño para no pensar,
no quitar esa puta lista de reproducción
para no pensar,
masturbarte o beber sin sed para no pensar,
reírte para no pensar,
pensar para no pensar.

Que te la sude bastante el mensaje que llegará
porque no se te entiende,
porque te la suda no entenderte ni a ti.

Querer que el mundo gire más rápido
para vomitarle encima
y que la vida te sancione de algún modo
para que te expulsen de un concurso
en el que no pediste participar.

Y, ahora sí,
esa canción llena de violines y chelos,
que te recuerda que estás solo
porque quieres sentirte,
recordarte,
volverte a configurar,
caminar sobre un terreno pedregoso
porque te encanta el crujir bajo tus pies,
porque prefieres ese crujir al de tus dientes
cuando sufres tu propia ausencia,
recordarte que debes dar sin perderte,
que el secreto está en la paz
y que necesitas,
aunque sea durante diez segundos,
estar peor solo que bien acompañado.
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4comentarios 37 lecturas versolibre karma: 67

Tal vez algún día

Tal vez alguien,
algún día,
logre derrumbar los muros
que el dolor se ha construido
tan firmemente en derredor,
pero ese alguien,
ella o él,
tendrá mucho que empujar,
mucho que tirar,
mucho que derruir.

Jamás nunca
conseguí levantar muros
con semejante grosor,
tan buenos materiales,
tan colosal altura.

Si no se cimentase sobre mis entrañas,
si no lo rodease un foso
lleno de lodo y lágrimas,
estaría orgulloso frente al televisor
que sintoniza mega estructuras.

Ya no se trata de si mi corazón
será capaz de amar de nuevo,
que nunca dejará de hacerlo
entre latido y latido...
La pregunta es si se dejará amar,
si alguna vez se abrirá la ventana
por la que a duras penas entra el aire,
la puerta a través de la cual
entra una luz que odio porque con ella,
entran los colores que me confunden,
que me quitan el sueño,
que asesinan mi deseo,
que guerrean con mi paz
o que lloran mi sonrisa.

¿Que si amé?
Más que antes,
más que siempre,
más de lo que puedo,
tanto que me olvidé de mí,
tanto que quise ser inmortal
tantas veces como quise morir,
tanto que quiero volver a ser yo.
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Hipócritas

Hay que hablar de amor,
de lo profundo de lo que escribes,
de qué bellos son tus ojos,
o tu pelo,
o de lo injusta que es la vida contigo.

Tal vez,
decir que ese paisaje, ese lugar,
es precioso,
que recuerdas cuando fuiste allí,
o que nunca has ido pero que te encantaría.

Lo preciosa que es la ropa,
o lo artística de la foto...
Sí, sí,
sin duda todos buscamos algo más,
estamos hartos de dar tanto
y recibir tan poco,
cansados de tanta superficialidad,
de pesadas y pesados por privado,
por direct.

Luego,
no seguimos cuentas de cuerpos esculturales,
no somos más complacientes
con las personas atractivas,
no buscamos grandes tetas
o grandes pollas cuando vemos porno,
seguramente pensamos en buenas personas
(y no en quienes nos parecen actractivos)
cuando nos masturbamos
y nos da igual la cantidad
y la calidad del sexo cuando elegimos pareja.

Damos bastante asco.
Somos mezquinos e hipócritas.

Y yo,
que me he sentido grande
en ocasiones sólo gracias al amor,
cada vez siento menos,
cada vez me siento menos.
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sin comentarios 53 lecturas versolibre karma: 33

Cobalto

Cabizbajo,
miro sin ver cómo mis negras zapatillas
pisotean la roja arena de tus calles.

Por fin,
pensar en la última noche
que pasamos juntos
me trae una rara mezcla de colores...
del azul de tus paredes
al blanco de tus techos.

Si busco entre mis negros pensamientos,
encuentro los momentos en los que el rojo
se filtra entre el amarillo más puro
que la felicidad de un orgasmo
puede proporcionar.

Sé,
por la intensidad con la que me miras,
por las palabras que deslizas,
que no sabré darte lo que mereces,
que nunca estaré a la altura
de las expectativas que tienes en mí,
pero deseo que abras tus cinco puertas
otra Nochebuena más.
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Basta ya

Por fin, ya paró el dolor...
No este, el obvio, pero sí
el que ha estado muriéndome lenta
y tristemente,
el de las palabras y los silencios.

Domingos de fútbol,
peliculas de Bruce Lee.
Domingos en la casa,
que lo tengo todo manga por hombro
y ya te aviso cuando baje a por el pan.
Domingos en los que les dices a tus amigotes,
borrachos como tú,
que ya te llama "esta",
tu jefa, tu domadora,
tu contraria, tu enemiga,
tu mujer.
Domingos en los que no logro quitarme
el asco de tu olor
porque anoche decidiste
que querías correrte dentro de mí,
sin un beso,
sin una palabra,
tras decirme que quitase
a esas putas y a esos maricones de la tele,
tras decirme que me diese prisa,
que tenía sueño,
tras sentirme violada otro mes más,
tras olvidar el sueño de un orgasmo,
tras olvidar el sueño del amor.

Y hoy, he vuelto a ser feliz,
por fin,
después de muchas conversaciones con mis amigas,
con las mamás del colegio,
tras muchos ánimos,
tras muchas lágrimas,
tras algún empujón,
tras un puñetazo sin querer,
porque mira cómo le obligó a ponerse,
tras dejarme encerrada en mi propia casa,
después de un millón de
"qué harías tú sin mí",
cien mil "no vales nada",
diez mil "si yo te quiero",
mil "yo trabajando y tú gastando",
cien "al gimnasio tú no vas",
diez "no volveré a hacerlo"
y un "si me dejas, te mato".

Hoy,
mi felicidad ha sido plena
desde el mismo momento
en el que le he dicho que me iba,
que no quería verle más,
que hiciese como siempre,
como si nunca hubiese existido,
que fuese feliz y que me dejase serlo.

Hoy,
mi felicidad ha sido plena
desde que le he dejado mis llaves en la mesa,
esperando un café que nunca llegará.

Hoy,
mi felicidad ha sido plena
bajando a la calle
con mi vecina apretando mi mano,
sonriendo, llorando.

Hoy,
mi felicidad ha sido plena
al sentir los rayos del sol,
al notar la fresca mañana
en un rostro que sólo quiere ser de nadie.

Hoy,
mi felicidad ha sido plena,
incluso ahora, en el suelo,
sobre un charco de mi propia sangre,
porque sólo me duele esta herida,
por la espalda,
con el que era mi cuchillo,
por la que se me escapa el tiempo.
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Frío

Recorriendo un camino conocido
de reproches y desdichas,
me pregunto fustigando mi dolorida espalda,
si no es más que la tardía recogida
de todo cuanto he sembrado.

Entro en un bucle lleno de sofismos,
frases que acabarán impresas
en tazas y camisetas,
que los demás utilizarán
como si no las hubiese pensado yo antes.

Mientras camino bajo la fría cortina de la noche,
me pregunto si mis pasos
me acercan a mi objetivo
o me separan de mi esencia.

Decido dejar de buscarme para,
dándome el cariño que echo en falta,
por fin llegar a mi encuentro.
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Vacío

Aunque me gusta mirar hacia otro lado,
levantar la cabeza, sonreír,
arreglarme la barba,
publicar en Instagram,
tener buen sexo, escuchar música,
aprender a cantar...
si miro hacia dentro,
veo un gran vacío en mi interior.

Lejos de buscar,
de necesitar a nadie que lo llene,
lejos de desear días de vino y miel,
noches de cuatro letras,
cuando miro dentro,
sólo quiero terminar con todo.

Me sirve, de verdad,
alzar la mirada y ver a mis hijos,
bajarla y saber que ahí fuera se me quiere,
se me desea, se tira de mí,
pero sí miro hacia dentro,
veo una gran oscuridad.

Veo a un idiota que nadie conoce,
que sigue sangrando
por años de malos hábitos,
de malos tratos,
porque el imbécil cree
que lleva una vida amando
y que, sólo por eso,
deberían tratarle mejor,
que sólo por amar se esperaba amor.

Pobre,
no entiende un mundo
que no acepta la incertidumbre,
que sólo quiere lujos y músculos,
que no acepta calvas ni lorzas,
que no sabe de abrazos y silencio.

Si miro hacia dentro,
veo un abismo del que,
en ocasiones, no quiero salir.
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BACH: CELLO SUITE No. 1 en Sol Mayor

Devastado como se acaba
cuando te abandona el plan de vida,
siendo un yermo solar en el que por no crecer,
no crecen ni escombros,
así terminé, pensando que no sería capaz
de volver a amar bajo techo,
sin sombra que me cobijase,
ni palo al que agarrarme.

Luego, con pena y esfuerzo,
sin ser consciente de los brotes verdes
que el resto vislumbraba alrededor de mi ruina,
comencé el vaciado de penas
para abrirle hueco al hormigón de emociones
que conformase unos cimientos
llenos de las varillas de ferralla y metralla
del calibre David-Javier-Marcos,
para sentar las bases
sobre las que construir una vida.

Levanté entre risas y conciertos
unas bonitas paredes de ladrillo caravista,
ejemplo de construcción, pero sin piso piloto,
por lo que no las vestí por dentro,
puesto que no metí en plano alguno
la calidad de los materiales
de unas estancias sin planificar,
puesto que creía firmemente que, en realidad,
nunca volvería a hacer una jornada
de puertas abiertas.

Entonces,
cuando se juntó mi cuadrilla con la suya,
creí que ahí estaba la clave de bóveda
con la que finalizaría un proyecto inventado
en el que, como Pau Casals
creyendo suya la mejor obra para un solista,
pensé que necesitaba la inspiración extrínseca
que me proporcionaba la más bella partitura sobre pladur.

Y el lobo volvió a soplar y a soplar
y mi vida derrumbar.
Y yo vuelvo a respirar y a respirar
y mi vida levantar.

Este es el más necesario poema de amor
que escribiré jamás,
porque está dedicado a explicarme el por qué
de amarme cada día,
sin condiciones ni exigencias,
sin motivo y con todos ellos.

Me amo. Al menos, un poco.
Y sobre mí, construiré el único imperio
por el que me valdría la pena morir.
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