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Tal vez sea cierto
que mi estado emocional más estable
sea curando las alas rotas de algún ave
y no será menos cierto
que gasto tantos apósitos,
vendas esparadrapos, gasas,
antisépticos y calmantes
que cuando el ave vuela
(en ocasiones, se va reptando),
no tengo consuelo
ni medicina para mi verdad.

Tal vez sea cierto eso
que susurro mientras lloro
y mi estado natural se llama estar roto,
pero como salgo guapo sonriendo,
no termino de estar cómodo
en mi eterna ambivalencia.

La única verdad de todo esto
es que amo y lloro de verdad,
que tanto amor no se paga con maldades
y que la picadura más grande que recibí
fue de una araña que amenazó
con inventar violencia
porque le abría la puerta
para que se marchara por usar sillas,
cuchillo y cristales
contra lo único bueno
que voluntariamente se enredó
en su tela, sus ojos, su trampa.

Después de aquello,
sigo amando sin sangrar
porque nada duele tan de verdad.
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Poetas

Caminan por la vida
haciendo ver que sufren
mientras se pasan la misma
diseñando la taza perfecta
desde su precioso salón
con chimenea.

Disfrazan sus tardes de bohemios,
o de punkys,
o de futuros pintores,
o de cantautores
o de cualquier arte sin disciplina,
no para aumentar la belleza
de su creación,
sino para rellenar el vacío
de lo que llaman poemas.

Osan maltratar guitarras y oídos,
se vuelven groseros
y utilizan palabras que sonrojan
a su verdadera mojigatería
sólo porque no respetan a un público
adocenado por telecincos,
Mister Wonderful
y otras sandeces.

Postureo postmodernista
con cuchara de postre,
hasta beben sin encontrarle la gracia,
llenando todo de dramas inventados,
de amores no transitados
y de visitas a farmacias
en las que conocen sus nombres
y no tanto sus libros.

Editores que producen en serie,
no en serio,
violentos que huelen a rosas,
bellezas que hablan de fealdad,
un chico que nos gusta
a mi amiga y a mí,
odiadoras que hablan de amor
y psicópatas que hablan de cordura,
micros cerrados en locales
con piernas abiertas.

Y yo,
el más farsante de todos,
nervioso,
no puedo evitar sentirme ridículo.

Por eso me divierto tanto.

Por eso no soy poeta.

Y por eso,
a veces,
preferiría
no haber amado
y sufrido
y escrito.
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Decidí vivirte

El día que comprendí que lo único
que me iba a llevar de esta vida
son recuerdos, decidí vivirte,
aunque acabase como siempre, aunque acabase doliendo,
aunque necesitase otros seis meses
para volver a sonreír,
aunque volviese a pensar
que eso del amor no es para mí.

El día que lo comprendí,
recuerdo que me estremeció
tanto deseo subyacente,
tantas ganas de abrazarte retenidas,
tantos te quieros sujetos con los dientes,
unas irrefrenable ganas de vivir en tus futuros,
el secreto deseo
de ser amado como yo amo,
el sueño de ser follado
como si yo mismo no me reprimiese.

El día que decidí vivirte,
me di permiso para hacerlo
porque tú querías lo mismo,
porque tú me deseabas,
porque supiste abrazarme
tras el primer beso,
porque se pisaban los te quieros,
porque nos arrasamos durante horas,
porque derruiste las paredes
que encerraban mis oscuros deseos.

El día que comprendí
que no podía sino vivirte,
fue también el mismo día
en el que entendí
que cada una de las palabras,
de los hechos y de las omisiones,
serán siempre puñales
que se hunden en un triste
y desangrado corazón.
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Nube de palabras perdidas

Imagina una nueva capa
que espesa el aire
y que ensucia nuestros bronquios.

Piensa en ella
como si fuese un campo de girasoles
en los que cada pétalo,
una palabra bonita
y cada pipa,
el mal augurio de un millar de nubarrones.

Llamemos a esa nueva capa letrosfera
y respiremos sus fonemas
como si tuviesen algún sentido.

Ahora, coge alguna molécula al azar:
amor, derrota, obsolescencia, placer.
También lágrima
y cada mordisco,
cada mamada,
cada dolor.

Utilicemos nuestras manos
para tomar los términos
y no terminar nunca de tomarnos,
acunemos nuestra vida
mientras nuestros sueños
caminan sobre las nubes,
como enamorados,
como puestos de heroína.

Ahora sigamos durmiendo,
sin hacernos daño,
sin sentirnos, sin amor.
Sólo paz y descanso.
Sin música.
Sin sexo.

Prefiero una y mil veces
respirar cristales y que duela
a no respirar jamás nunca
y que no estés.
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Quiero dormir

Un suspiro huye violentamente de mi boca
y tras él, broncoespasmos,
tos y llanto me miran de reojo,
sabiéndose dueños de una situación
de la que no soy consciente,
como no lo son las gotas de lluvia
de la tormenta que las deja caer,
que las tira contra un polvoriento mundo
de hojas rojas y espinas rosas.

Cuando el gris me ronda,
tiendo a vomitar letras
como el niño que cuenta
la apasionante tarde
que le ha dado ese palo
con forma de raqueta
que transforma en arma
o en amor
según le convenga al atropellado relato.

Tiendo también
cuando me invaden la desazón y la pena
a cambiar de tema
con la misma fluidez
que me lleva de la risa al llanto,
del abandono a la vida entera.

Miro mis manos
y, quién lo diría,
está tan vacías de anillos
como llenas de una aspereza
que imaginaba amortizada
a estas alturas del juego,
repletas de marcas
que no hacen sino la zancadilla
a unos acordes
que no siempre llegan a tiempo,
a unas caricias perdidas
que guadianean entre el futuro y pasado.

Retuerzo mi pena, no sin esfuerzo,
para que también me deje a un lado,
para que se olvide de mí,
para que nos deje en paz
a mis miedos y a mí,
nos preparo la cena
y enciendo un fuego frío
para que la caprichosa alegría
cauterice las heridas
que se superponen al arrancar
ora lamentos, ora sonrisas.

Dejadme llorar,
dejadme reír,
pero dejadme,
mis huesos crujen de tanta ida y venida,
mis articulaciones chirrían antes de tiempo,
mis latidos se aceleran en la calma de la noche
y mi corazón,
demasiado grande,
demasiado lateralizado,
me empuja o tira de mí, según,
hacia la eterna espiral de dimes y diretes
que resuenan en una cabeza que
ni puede ni quiere dejarme en paz
aunque sólo sea por esta noche.
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Menudo lío

Cuando te dije que esto
se acabaría convirtiendo en un problema
no me entendiste,
recuérdalo,
le dediqué el doble a desliar la madeja
que a deslizar mi lengua
sobre esos labios
que me matan de vida.

Creo que hoy
lo has entendido del todo
porque te he pedido una imagen,
una parte de tu cuerpo,
un calor, un frío,
un lugar que tirase de mí
en dirección a follarte con palabras,
te encuentro ahí,
haciendo equipo con el asma,
con el humo,
con la parca
para robarme el aliento
y llevarte mi corazón contigo
todo el tiempo del mundo,
hasta un siempre que sea un poco,
o un momento que dure todo el rato.

Entonces,
entre broncoespasmos
que te parecen suspiros
y arritmias que disfrazo de risas,
me doy cuenta
de que quien complicó su vida
no fui yo al participar
de este juego que quema,
sino, pobre todo aquel
que sin tenerte te tuvo
sin la habilidad necesaria
para romper la jaula que evitaba
que permanecieses a su lado,
porque eres así y así te quiero,
tan libre como para elegir
la cuerda con la que atarte a mí,
tan esclava como para que te retengan mis besos,
tan amante como para llorar de risa
y tan intensa como para etiquetar todo menos esto.
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Luna

La luna me sonríe
tras las nubes
muy por encima de nosotros,
los hombres que la admiramos
como lo que es,
la única reina
a la que alguien como yo
rendirá nunca pleitesía.

Y no sólo
es que me guste
lo que veo si beso sus pies,
sino que se ha ganado mi devoción
paso a paso,
beso a beso,
recordándome
que no soy quien creo,
que no soy quien veo,
sino que soy quien siento.

Por eso me encelo en silencio
cuando otros aplauden sus virtudes,
sonríen mirando hacia ella,
aullan incluso poemas...
y yo tan lejos,
y tú tan bella,
y yo tan así
y tú tan salvaje.

Pero me queda el consuelo
de que esa sonrisa
es sólo, solo, solito para mí.
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Sueño perdido

Tengo miedo a dormir
porque mis sueños están llenos
de las desenseñanzas de un Virgilio
que satura de susurros mis oídos.

El viejo Doctor
me guía a través de los oscuros pasillos
que unen las atestadas estancias
de esa casa llamada Estación Perdida.

El Relojero mueve mis hilos
como ese marionetista que nunca vi
puesto que siempre había
algo más importante
que hacer reír a un niño
que pronto se acostumbró al purgatorio.

Celadores pasean sillas vacías
con ruedas cuadradas,
tratando de enseñar una luz inexistente
a unos pacientes que se quedaron
en la sala de espera de la soledad.

A penas soy consciente
de que el barro que antes cubría
mis nuevas zapatillas,
ahora moja el cuello
de mi desabrochada camisa
que no es nueva ni mira al sol.

Poco a poco soy consciente
de que los colores me abandonan
devolviendo el bofetón,
abandonando mi sonrisa
porque nunca aprendí sus nombres.

Blanco roto,
verde y gualda,
naranja azulado,
rojo miel,
morado marrón...
negro esperanza,
gris celeste,
ocre limón,
violeta burdeos,
rosa caca,
añil césped.

De repente despierto,
te busco y está tu almohada,
te beso y está la noche,
te acaricio y está tu risa,
te muerdo y están mis labios,
te abrazo y estás aquí.
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Sin prisas y sin prosas

"Por los pelos no pillé la puesta de sol",
dices,
como si no fueses tú
la única responsable de que el sol,
a veces,
cuando me besas,
prefiera marcharse pronto
para llorar hasta tarde.

Ponte en su lugar, amor:
el más bello astro,
el único dios que da vida
y que muestra cada día su belleza,
aquel que despierta al mundo
sólo para verte
y te regala en tu paseo
el más bello atardecer,
aquel que calienta tu piel
y aclara tus ojos,
ese que sueña con bañar
de color a tus piernas,
ese que es Sol con la esperanza
de que lo tomes...

¿Cómo no va envidiar mi suerte?
¿Cómo no encelarse
porque me regalas tu boca,
tus risas, tu vida,
tus orgasmos?
¿Cómo no sufrir cuando pierde
el lugar que siempre soñó
a manos de un simple mortal?

Díselo, amor,
dile que quieres disfrutar de su belleza
como él disfruta de la tuya,
que puede tener tantos amantes como quiera,
que cada vida y cada planeta gira en torno a él...
pero que nuestro amor es tuyo y mío.

Dile que me amas, amor.
Díselo,
me encanta escucharlo desde una nube.
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Calculando

Todas las operaciones,
las cuentas,
los problemas...
todo
es inversamente proporcional a mí.
Hace tiempo,
estaba con el alma desgarrada,
sin ganas de volver a amar,
sólo queriendo hacer jirones
con mi piel más delicada
y todo el mundo invitándome al regocijo,
en la espiral miserable de la vida cínica.

Ahora que amo libre,
total y absolutamente,
ahora que me veo más feo,
más gordo,
más tonto que nunca,
se acumulan las descaradas
que conociendo que si amo,
no hay hueco para nadie más,
Y me aburro de indicar
la casilla de salida
de lo que para ellas es un juego.

En un mundo
en el que se regalan las pasiones,
en el que la carne tiene precio
y en el que hablar de lealtad suena a viejo,
esta sociedad enferma
me vuelve a recetar
aislamiento y soledad.

Y, perdóname,
amando como amo,
sintiendo como siento,
eso
No
Va
A
Pasar.
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sin comentarios 42 lecturas versolibre karma: 50

Mientras sigas durmiendo

Mientras sigas durmiendo estaré aquí,
con una estúpida mueca por boca,
cubriendo tu cuerpo de besos quedos,
de caricias invisibles tus lunares.

Mientras sigas a mi lado
te pensaré con esa mirada
que tanto te pone,
porque sólo puedo pensar
en hacerte cosas malas
con las que los dos toquemos el cielo.

Mientras continúes ahí,
pondré una sonrisa
en esos preciosos labios,
aunque estén lloviendo mis ojos
por heridas que aún no has curado,
prometo hacerte enfadar
con un mal chiste
y que robaré una carcajada
con otro mucho peor.

Mientras los dos seamos,
seremos lo que queramos ser,
nos querremos a nuestra forma,
del todo,
con un deseo que desborda
tu cama y la mía,
soñando juntos
con echar a perder algún día
esas sábanas que llamaremos nuestras.
4
sin comentarios 39 lecturas versolibre karma: 36

A las 3 son las 3

Me despierto sobresaltado,
me levanto y me hago daño en el tobillo. Me siento y miro la hora
(son las 3.00).

Me levanto más despacio
y voy a la cocina, bebo agua,
estoy muy despierto.

Si "de momento no"
es la respuesta,
"me masturbo"
es la pregunta.

Voy a la cama.
Tras una vuelta por las redes sociales
y, valga la redundancia,
una visita al baño,
miro el reloj.

Son las 4.00
y me pregunto si debería masturbarme
o si sería mejor escribir un poema.

Esta vez, el amor ganó al sexo.
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El infierno huele a azufre y rosas

Tras largas horas de deseo y carretera,
de comida, libro y compras,
aparcamos y hacemos check-in
en el hotel que hoy hará de hogar
para nuestras caricias y confidencias.

Estoy deseando que todo sea brutal y rápido
ya en el maldito ascensor,
por lo que mantengo en calma mis ganas
y procedo a abrir ese regalo
que me entregas cada vez que te beso.

Acaricio tu cuello
mientras tiro de tu lengua con mis labios
y noto en mi muslo cómo aumenta el calor.
Sonrío.
Se me hace la boca agua.

Rodeo tus labios con mi lengua,
rozo con mis nudillos
un pecho que saluda a mi paso
y me desespero sabiendo lo que promete esa boca
que jadea a escasos milímetros de mis dientes.

Sin a penas movernos,
casi sin quitarte nada,
me arrodillo para tomar
el embriagador veneno
que destilas mientras mis dedos,
tus dedos y mi lengua
pugnan por ser los primeros
en participar del banquete divino
libre de pecado
pero nunca inmaculado.

Pasan minutos, tal vez horas,
y me entrego sin reservas
a la condena de tus orgasmos,
poniendo una y mil veces mis barbas a remojo
sin intención alguna
de que tijera o navaja
corten el vínculo que nos une
desde que bebemos el uno del otro,
desde que no hay más derrota
que la que provoca
ese demonio imparable llamado tiempo,
desde que todo es azufre y rosas,
desde que no hay más infierno que nuestro cielo.
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sin comentarios 48 lecturas versolibre karma: 47

Incongruencias

Son ya muchas las noches
en las que me duerme una sonrisa
y me despierta un escalofrío.

Me sumo en un sueño superficial
que sobrevuela mi escondido miedo,
mi callado dolor
y mi queda desconfianza,
y que toma tierra
sobre la acostumbrada angustia
de mi frecuente gris.

No me creas más triste
que cualquier día
ni pienses que dejo de ser optimista,
simplemente son demasiadas décadas
de alimentar al único parásito que engorda,
demasiadas canas a las espaldas
de un incorregible autocorrector.

Sigo sonriendo
pues sobrevivo en amor,
pero sigo siendo débil cuando,
solo y oscuro,
miro a los ojos vacíos
de los monstruos de mi armario,
las cicatrices que duelen
en días de tormenta,
las quemaduras que enfrían
las tibias noches de verano.

Soy,
sigo siendo el mismo
que sonríe casi siempre,
que ama sin peros,
que se exige demasiado
y que no siempre se da lo suficiente.

Soy,
sigo siendo feliz.
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sin comentarios 32 lecturas versolibre karma: 46

Ahora

Ahora,
levantándome de la cama,
intentando no despertarte,
te daría un beso en el hombro,
o en el cuello,
o en la cabeza,
da igual.

Te daría un beso callado,
para mí más que para ti,
un beso de hasta pronto,
de luego nos vemos,
uno de te amo,
de así, como para siempre.
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6comentarios 123 lecturas versolibre karma: 79

En la punta de la lengua

En ocasiones
deseo
que se crucen nuestras miradas
mientras calmo mi sed,
con la seguridad
de que si se encuentran,
danzarán de la mano
hasta la extinción del incendio
que provocamos juntos,
hasta que nos derramemos,
hasta convertirnos en banquete,
hasta que nos ayudemos a limpiar
lo que manchamos inevitablemente,
hasta que logre bucear
en ese orgasmo que tenía
en
la
punta
de
la
lengua.
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Fruición

Sabes cuánto me gusta
cómo me lo haces,
el éxtasis que experimento
cuando sacaslo obvio de mi placer
con los mismos labios
que me besan tan rico,
con la lengua que me regala un te quiero,
con la boca que me sonríe y me mata.

Sabes cuánto deseo
que termine la próxima cuenta atrás
para besarnos,
paea besarnos antes y después,
para besarnos tanto
que nos duelan los labios,
tanto que mi voz suene hueca
porque se acostumbre
a que tu lengua duerma sobre la mía.

Sabes, también, cuánto deseo
beber el licor que destilas
cuando nos amamos mientras sintonizo
la emisora de tus muslos,
cuando "mamar", "lamer", "chupar", "comer", se escriben distinto,
pero se pronuncian igual de bonito.

Sabes que estoy deseando participar
en la cata que siempre preparas,
el frescor amargo de un albariño,
el suave terciopelo que le da el roble
a una dulce merlot.

El banquete está servido, amor.
Comamos.
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sin comentarios 63 lecturas versolibre karma: 35

Entre paréntesis (Aquí hay dragones)

Leí (leímos)
por ahí (en realidad, fue por aquí)
algo que me golpeó
y que me maravilló:
¿por qué, siendo papel,
insistimos en intentarlo con tijeras?

Entonces,
vine a decir algo así como que,
después de tanto intento
de suavizar filos
que nos han dañado,
tal vez vaya siendo hora
de juntar papel con papel,
de que las peleas sean
para ver quien abraza más,
que las batallas sean de besos
y las guerras, de confeti.

Tal vez llegó la hora
de arrugarnos juntos,
de ver un atardecer
y compararlo con el próximo,
de ver el amanecer
porque nos sorprenda
mientras hacemos el amor
y no porque la angustia
nos impida dormir.

De vivir,
al fin y al cabo,
alineados con nuestra naturaleza.
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Fotogramas de vida

Descubrirte dentro de mi película,
como el que no quiere la cosa,
entre palabras
(como todas
las que nos hemos dedicado
desde entonces)
cariñosas, atentas, educadas...
con un descaro
y un deseo
que nos sobrevuelan
y que a veces,
acerca hasta quemar
los cientos de (malditos) kilómetros
que separan tu cama de la mía.

Una vez más,
como cualquier pensamiento que te dedico,
bailo entre masajear tus pies
y separar tus piernas con mi lengua,
entre acariciar tu melena
y tirar firmemente de ella hacia mí,
entre darte todo mi amor
y arrancarte todo el placer.

Pienso en tu sexo
y, como él,
me relamo humedeciendo mis labios,
hasta que pienso en morder los tuyos...
entonces me pierdo
entre el mar de aquello que sé que hacen
y la oscura cueva en la que se esconden
todos aquellos deseos,
cada uno de los pecados
que siento cercanos
en tiempo,
lugar
y forma.

Entonces creo
que no habrá
toalla,
arena
o brisa
que sequen la mezcla de sabores
que riegan cada uno de los finales,
de nuestras cuentas atrás,
de nuestros sueños, deseos y miedos.

Ahora es cuando dejo mi móvil
para recrearme en lo bello
de nuestros dedos
entrelazados fuertemente,
como el que se agarra a la vida.

Ahora es cuando pienso
en cuántos dedos
y cuántas
cuentas
que perder.
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A JUAN CARLOS ARAGÓN BECERRA con todo el dolor de mi corazón

Me has mentido,
Juan Carlos,
la soledad no es testigo.
Querría estar sólo,
no querer y que nadie me quisiera
para poder irme contigo,
para que la mayor muestra de cobardía,
no fuera tal,
sino la ineludible responsabilidad
del que nunca estará a la altura.

Me has mentido,
maestro,
la cultura no nace
en los salones de una escuela.
Quiero ser tan valiente como tú,
quiero enseñar a mis hijos
que la vergüenza no está en el error,
sino en justificar la falta
y en no rectificar siquiera.

Me has mentido,
poeta,
pues tus canciones me agradan
por no ser sencillas.
Como tú,
mi guitarra me abandona,
quiere que la condenen contigo,
que la tocaba un cualquiera.

Me has mentido,
compañero,
ya no estarás en cortadura,
con la guitarra en alto
para detener a quienes nos entregamos,
como siempre,
con el servilismo mamón
de las marmotas de Andalucía.

Me has dicho la verdad,
eso sí, hermano,
has cruzado la avenida de mis vidas
por donde te ha salido de los huevos,
en el año de tu chirigota canalla,
cuando más veces nos has mostrado
la torre de preferencia de tu comparsa.

Que la tierra te sea leve.
Cádiz resiste.
Yo, no quiero.
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sin comentarios 99 lecturas versolibre karma: 47